“Y aquel lugar. Y aquella sensación… no es fácil de explicar, se mueven los músculos sigilosamente, con un miedo que ni si quiera yo percibo. La boca se tensa y los dientes se aprietan un poquito, como para sonreir tal vez, y el corazón late mas rápido y la mirada se pierde… cuando te nombran.
Pero ahora vuelvo a casa, aquí sigue lloviendo y me parece encantador. Y entre todo este frío me calienta saber que pronto parará el coche y estaré en casa, y tú estarás, probablemente, en la cocina acabando de prepar una cena para dos, con esa sonrisa dulce, con ese ‘bienvenida’ en la mirada.
Y después vendrá el abrazo, con su respectivo beso y un gran ‘te he echado de menos’ esperando en nuestra cama, donde nos cogerá la mañana entre historias y cuentos, risas, lágrimas y demás excesos.
Entre tanto en el edifició se oirá el ruidoso despertar de algún trabajador malhumorado y sonreiremos al pensar que hoy no nos toca levantarnos. Me apretarás mas fuerte para hacerme aún más consciente de que sigues ahí, adormecido en mi espalda y entonces…
-Señorita. Ya hemos llegado.”